martes, 12 de agosto de 2008

Moralejas, pájaros y ratones

Ayer se cumplió otro aniversario de la muerte de Félix María Samaniego ( 1745-1801), célebre autor español de fábulas escritas en verso. Me percaté, al releer algunas de sus fábulas, de que es un género al cual tengo por demás descuidado, así que para rectificar ese olvido he decido crear una nueva sección para fábulas en el blog.
Creo recordar una fábula suya que trataba del encuentro entre el Mérito y la Fortuna, y que me gustó mucho siendo niña. Pero no he podido dar con ella y empiezo a sospechar que la memoria me ha traicionado. Sí tengo presente otras historias, por tenerlas más a mano; cosa que se va haciendo cada vez más necesaria con el paso de los años.
¿Quién no leyó una fábula siendo niño? Quizás no una copia fiel del texto original, pero sí a través de alguna adaptación convenientemente ilustrada. O bien se la leyeron, disfrazada de cuento; como un pequeño refrigerio entre algún oscuro cuento de los hermanos Grimm y una versión atemperada de la Sirenita o el Patito feo de Andersen.
A continuación les dejo un par de fábulas, seleccionadas con diferentes criterios y una misma finalidad: recordar.



El amor y la locura


Habiendo la Locura
con el Amor reñido
dejó ciego de un golpe
al miserable niño.
Venganza pide al cielo
Venus, más ¡con qué gritos!
era madre y esposa:
con eso queda dicho.
Queréllase a los dioses,
presentando a su hijo:
"¿De qué sirven las flechas,
de qué el arco a Cupido,
faltándole la vista
para asestar sus tiros?
Quítensele las alas
y aquel ardiente cirio
si a su luz ser no pueden
sus vuelos dirigidos."
Atendiendo a que el ciego
siguiese su ejercicio,
y a que la delincuente
tuviese su castigo,
Júpiter, presidente
de la asamblea, dijo:
"Ordeno a la Locura
desde este instante mismo,
que eternamente sea
de Amor el lazarillo".




El león y el ratón



Estaba un ratoncillo aprisionado
en las garras de un león;
en la tal ratonera no fue preso
por ladrón de tocino o queso,
sino porque con otros molestaba
al león, que en su retiro descansaba.
Pide perdón, llorando su insolencia;
al oír implorar la real clemencia,
responde el rey en majestuoso tono,
No dijiera más Tito: "te perdono".
Poco después cazando el león tropieza
en una red oculta en la maleza;
quiere salir, más queda prisionero,
atronando la selva ruge fiero.
El libre ratoncillo, que lo siente,
corriendo llega, roe diligente
los nudos de la red de tal manera,
que al fin rompió los grillos de la fiera.
Conviene al poderoso
para los infelices ser piadoso;
tal vez se pueda ver necesitado
del auxilio de aquel más desdichado.






Pueden leer creo que casi todas, sino todas, las fábulas de
Samaniego en
www.amediavoz.com



6 comentarios:

Camilo Jiménez dijo...

¿Quién no se formó en lecturas, en ética, con las fábulas? ¿Todavía se usarán en la escuela? Bonito recordarlas.

No conocía tu blog, y lo que he visto me ha gustado, seguiré husmeando. ¿Cómo llegaste a "el ojo en la paja"? ¡Claro que puedes tener enlace! Gracias... un millón.

Veronika dijo...

Gracias por la visita y por permitirme enriquecer mi lista de enlaces con tu blog.
Estoy tratando de recordar cómo di con el Ojo en la paja... Sé que fue a través de una lista de links de algún otro blog, pero no recuerdo en cual. Muchas noches suelto amarras y navego sin rumbo, guiada sólo por los caprichosas redes que se forman con los hipervínculos. Cuando doy con un sitio de temática literaria que me parece muy bueno trato de retenerlo como enlace, pero no siempre logro reconstruir la ruta que me dejó en esa pequeña isla del tesoro. Creo que éste es uno de esos casos.

¡Saludos!

juanmosquera dijo...

fabulosas fábulas fabuladas

Lluís Salvador dijo...

Hola: Acabo de descubrir tu blog, y llevo un rato paseando por él. Felicidades. Muy bien hecho y con estilo. Si no te importa, te enlazo en el mío.
Un cordial saludo y buenas lecturas
Lluís

Veronika dijo...

Si, fabulosas :)

Veronika dijo...

¡Gracias por la visita y las felicitaciones Lluís!. Por supuesto que no me importa, de eso se trata... de enREDarnos. ¡Saludos para ti también!