domingo, 11 de julio de 2010

La casa y el mundo




Hace diez días finalicé la lectura de la novela que presta su nombre a este post. El libro pertenece a Rabindranath Tagore, autor que me es familiar por su poesía y sus maravillosos aforismos, pero del cual desconocía su obra en narrativa. En cierta forma, se podría decir que abordé esta novela condicionada por el personaje que encarna su autor; y por esto me disculpo de antemano.

La casa y el mundo es una novela bastante corta, con pocos personajes y un argumento que se desarrolla através de diálogos y monólogos. La ausencia de acciones concretas y la construcción de un clima expectante, hicieron que los primeros capítulos me parecieran algo sinuosos... Por momentos llegaron a impacientarme. Se anuncia explícita e implícitamente un acontecimiento desafortunado, cuyo origen queda a la vista desde el segundo capítulo... Y para el cuarto capítulo ya puede considerarse como algo consumado, aunque tal vez, de hecho, nunca suceda.
Si bien por momentos disminuía mi interés en el argumento, seguí leyendo. Leí hasta que me topé con una pared, que resultó ser la tapa posterior del libro. Entonces moví la cabeza de arriba hacia abajo hasta dar con el pie de página; ¿faltan páginas?, me preguntaba. Acudí al índice. No, no faltaban. Efectivamente, la novela había concluído. Sin embargo, no pude quitarme de encima la sensación de que me habían robado algo. Quizás el estilo de la novela me hizo esperar, falsamente, cierto epílogo que nunca fue escrito.
No es una historia de final abierto, el final simplemente se aleja... Sale de la casa, en el cuerpo de uno de los personajes principales, y me deja viéndolo alejarse.
Voy a adelantar mi juicio personal sobre esta lectura antes de seguir con el ¿análisis? de la misma: valió la pena, el saldo fue positivo. Aprendí un poco más de la cultura hindú-bengalí; y tuve también ocasión de reflexionar sobre un tema que me interesa bastante: la política, las ideologías y su relación con la sociedad.

Los personajes que dan cuerpo a la historia son cuatro:

Bimala: Es el primer personaje en dar su voz al relato. Se trata de una rani, una princesa hindú, un miembro de una casta superior de la sociedad bengalí. Está casada con un maharajá y zamindar (algo así como un señor feudal) de la región, Nikhil.
Bimala es felíz dentro del rol que le toca. Se siente realizada al haber encontrado un marido que la ama y disfruta de ser una especie de reina dentro del acotado mundo en que se mueve: la casa, y ese detrás de escena que esconde la purdah ("cortina", la costumbre de ocultar a las mujeres de la vista de cualquier hombre que no sea un miembro del núcleo familiar). Sin embargo, la intromisión de Sandip, un viejo amigo de Nikhil y líder carismático de un moviento popular, descubre en ella inquietudes que mantenía silenciadas.

Nikhil: es un maharajá, un príncipe hindú y zamindar, señor que posee tierras y colonos a cargo, con todo lo que esto implica. Es un hombre joven, rico y privilegiado, pero también culto y educado, con un profundo deseo de superación. Es discípulo de Chandranath babu, maestro que lo ayuda en su búsqueda de sabiduría y de un bien mayor. Ama a Bimala y desea que ella deje atrás la purdah y los prejuicios de clase, quiere que ella vea al mundo con otros ojos, los suyos. Este deseo, aunque en cierta forma loable, lo aleja de ella. Nikhil es una persona pacífica, que adhiere al swadeshi, el movimiento nacionalista que busca reivindicar lo autóctono desde el consumo y la producción con fines comerciales; sin embargo, no rechaza lo extranjero, se rehúsa a demonizar lo foráneo entendiendo que también es necesario para el desarrollo de su nación.
Nikhil es un nombre de origen sánscrito, que quiere decir algo así como "el hombre sin vínculos, sin lazos". Refiriéndose a la persona que ha dejado atrás los vínculos personales, el apego, para lograr mayor sabiduría. Queda en claro, leyendo la novela, que la elección de dicho nombre se debió a algo más que a un capricho del autor.

Chandranath babu: maestro arquetípico. Es por momentos un alter ego del propio Rabindranath Tagore. Si bien intenta vivir y transmitir su filosofía, su forma de entender las cosas y el mundo, en todo momento; es a su vez una persona con los pies en la tierra, capaz de hacer a un lado las ideas cuando el sentido común o el bienestar del prójimo se imponen.

Sandip: de este personaje diré para empezar que, en cierto punto de la lectura, me hizo exclamar en voz alta: "¡Es un político!"; como quien hace un descubrimiento desagradable. Y realmente lo es y de la peor clase, a mi entender por supuesto. Sandip es un vendedor de ideologías, una persona con gran poder de persuasión y carisma, que sabe dar discursos encendidos y lograr adhesiones, especialmente entre esos individuos ávidos de banderas que enarbolar: los estudiantes universitarios. Disfruta de la amistad de Nikhil, de los réditos económicos que dicha amistad le confiere; pero rechaza el tipo de persona que éste encarna, lo considera débil, ingenuo.
Sandip exclama "¡Bande mataram!" a cada paso, como grito de guerra, frase alusiva a un himno nacionalista. Está decidido a llevar al swadeshi hasta sus últimas consecuencias, desestimando los problemas que con ello trae a su propio amigo y a otros sectores de la sociedad. Piensa que los fines justifican los medios y que él es quién debe dirigir a los demás hacia esa meta.


Hay algo atemporal en esta novela, que hace que pueda trasladarse hasta nuestros días. Ese algo que convierte a muchos libros en clásicos supongo. Transmite de forma sútil, casi furtiva, un entendimiento profundo del comportamiento del individuo y la sociedad frente y dentro de un movimiento ideológico. Retrata al político extremista, al seguidor apasionado, al idealista apolítico y al sabio, el que ejerce liderazgo sin estridencias siendo él mismo un ejemplo a seguir; a todos estos personajes que podemos encontrar dentro de nuestra propia realidad.
El título, la casa y el mundo, hace referencia a ese mundo que representa la casa para Bimala, una mujer; pero también al refugio en el cual el hombre recrea y piensa el mundo. Una parte en el todo.


Fragmentos:

..."-No sería una tiranía egoísta, sino una tiranía en beneficio del país.
-Tiranizar para el país es tiranizar al país. Temo que no puedas comprender esto nunca.

Después de estas palabras dejé a Bimala."


"- El país no es la tierra, son los hombres que ella sustenta-continuó mi maestro- ¿Han lanzado ustedes siquiera una mirada a esos hombres? No, pero ya quieren imponerles la sal que han de comer y los vestidos que han de usar. ¿Por qué han de sufrir esta tiranía? ¿Y por qué hemos de permitir nosotros que la soporten?
-Nosotros no usamos más que sal hindú, azúcar hindú y ropa hindú.
-Háganlo si con ello creen calmar su excitación y alimentar su fanatismo; ustedes son ricos; en ustedes los gastos no hacen mella. La gente pobre no les molesta a ustedes, a pesar de lo cual quieren someterla a sus tiránicos caprichos. La vida de esa gente es en todo momento una lucha para obtener con qué vivir. Ustedes no pueden imaginarse lo que significa para estos desventurados una diferencia de algunos pices; ustedes no tienen nada en común con ellos. Ustedes han pasado su vida en una esfera superior y ahora bajan hasta los pobres para hacerlos instrumentos de su cólera. ¡Es una cobardía!"...


fuente: "La casa y el mundo" de Rabindranath Tagore. Editorial Sol 90, edición de 2003.

6 comentarios:

Lluís Salvador dijo...

Hay que tener valor. Y mucho. Porque Tagore es uno de esos autores a los que se ha "popularizado" tanto, por sus aforismos, como dices, que en estos momentos uno tiene todo el aprecio por él, pero se guarda su nombre en secreto, no vaya a ser que el interlocutor, de inmediato, suelte el-aforismo-que-todos-sabemos. De modo que la medalla al valor reseñador ya la tienes, y bueno, tal vez sea hora de dejarle entrar como narrador y poeta en las reseñas, críticas y valoraciones de nuestros días, y volver a leerlo.
Por lo que veo, tienes tus pros, pero te muestras un poco tímida en tus contras. Si el resultado es más positivo que otra cosa, habrá valido la pena. Y sin embargo... Sin haberla leído es difícil aventurar cosas. Pero es cierto que la literatura oriental tiene su ritmo propio, etc., etc, Algo que he considerado siempre admisible... hasta cierto punto. Cuando una cosa se hace pesada, es que es pesada, sea china o de Santa Coloma de Gramanet. Y cuando una cosa es críptica... ¿es críptica o sencillamente es que está mal resuelta?
Un saludo!

Veronika dijo...

Mirá lluís, me dejaste pensando...

Opino igual en cuanto al ritmo; no sé si será cuestión de edad o acumulación de lecturas, pero cada vez tolero menos los libros trabajosos... Tú sabés, esos que marchan como burro con sobrecarga.
Pero la falla en este caso, creo que fue más bien una cuestión de estilo que de tiempos... Quizás, muy probablemente, Tagore peca de poeta al narrar. Y en cuanto a la resolución, sí, algo faltó... pero no me aventuro a imaginar otro desenlace. Da la sensación de que ya había dicho lo que tenía ganas de decir y no quiso tomarse la molestia de inventar algo más para la audiencia, jajaja.
Me pareció... Bah, sentí, más correcto hacer hincapié en la idea del libro haciendo a un lado las cuestiones de estilo.
Hoy por hoy, no hay libro que me venga del todo bien... Pero éste ha sido más bueno que malo en el balance.
Un placer leer tus comentarios.

¡Saludos!

P/D: Quizás no sea valerosa sino cándida, jajaja.

María dijo...

Me encanta Tagore...y rescatar frases suyas!!
Gracias por mostrarnos este libro (para mí, desconocido). Tiene muy buena pinta.
Un abrazo grande!!!

Andromeda dijo...

Me fascina la poesía de Tagore y sólo por eso desearía leer este libro, aunque en este caso es tu magnífica exposición la que me mueve a buscarlo. Aunque el final sea tan abierto, el análisis que haces de los personajes no deja lugar a dudas sobre el interés que puede despertar esta novela.
¡Un saludo!!

bibliobulimica dijo...

A mi me guste mucho la poesía de Tagore, pero no conocía aún este libro así que me haré con él y lo leeré ¡gracias por mostrarlo!

David dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.