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sábado, 29 de octubre de 2011

El principado de la infancia



El principito, ilustración de Antoine de Saint-Exupéry



Hace dos meses, pude asociarme, finalmente, a una biblioteca pública. El mismo día que me dieron el carnet de socio, me abalancé voraz entre sus anaqueles polvorientos para conseguir "nuevo" material de lectura. En la sección de novelas filosóficas hice un hallazgo que me inundó con una maravillosa y palpitante nostalgia. Era un ejemplar de tapa de cartón y páginas cosidas de El principito ( Le petit prince) de Antoine de Saint-Exupéry. Ahí estaba ante mis ojos, el primer libro que marcó con huella indeleble mi existencia... Y en la misma edición por la cual yo lo había conocido . El texto original editado por Emecé, con las ilustraciones del autor. Sus tapas y páginas amarillas, ese olor inconfundible a libro añejo que se desprendía del papel, y las manchas de un ocre anaranjado, producto de la humedad, me sedujeron como seduce un tubo fluorescente encendido durante una noche verano a polillas y mosquitos. Lo traje conmigo a casa embelesada.



Esta novela es clásico entre los clásicos y lectura obligada, en muchos casos, desde las instituciones educativas; pero aún así creo que su vigencia actualmente está amenazada por el olvido colectivo. Ya no se lo reedita como antes, ni se lo ve abrigado entre cuadernos en la mochila de los niños. Pero lo más triste, y quizás esto haya sido así desde un principio, es que no está en la lista de lecturas de los adultos. ¿Por qué digo esto? Porque, a mi entender, es uno de esos escasos libros que merecen ser releídos en distintas estaciones de la vida; un libro que, más allá de los méritos literarios que se le puedan otorgar o no, nos deja, al leerlo, en un lugar que no frecuentamos siendo adultos. Ese lugar mágico y secreto, lleno de incertidumbres y asombro, en el cual nos era tan natural estar cuando éramos niños.

El principito es una novela que no tiene desperdicio en ninguno de sus párrafos, nos regala frases deliciosas, poéticas y honestas de principio a fin. Desde la misma dedicatoria podemos intuir que el libro que tenemos frente a nuestros ojos no es un libro cualquiera:




¿Quién no recuerda la ilustración de una boa tragándose a un elefante que deviene en un sombrero?



"Mostré mi obra maestra a las personas grandes y les pregunté si mi dibujo les asustaba. Me contestaron: ¿Por qué habrá de asustar un sombrero"
Mi dibujo no representaba un sombrero. Representaba una serpiente boa que digería un elefante. Dibujé entonces el interior de la serpiente a fin de que las personas grandes pudiesen comprender. Siempre necesitan explicaciones. Mi dibujo número 2 era así:


"Las personas grandes me aconsejaron que dejara a un lado los dibujos de serpientes boas abiertas o cerradas y que me interesara un poco más en la geografía, la historia, el cálculo y la gramática. Así fue cómo, a la edad de seis años, abandoné una magnífica carrera de pintor. Estaba desalentado por el fracaso de mi dibujo número 1 y número 2. Las personas grandes nunca comprenden nada por sí solas y es cansador para los niños tener que darles siempre y siempre explicaciones"

"Tuve así, en el curso de mi vida, muchísimas vinculaciones con muchísima gente seria. Viví mucho con personas grandes. Las he visto muy de cerca. No he mejorado excesivamente mi opinión. Cuando encontré alguna que me pareció un poco lúcida, hice la experiencia de mi dibujo número 1, que siempre he conservado. Quería saber si era verdaderamente comprensiva. Pero siempre me respondía: "Es un sombrero". Entonces no le hablaba ni de serpientes boas, ni de bosques vírgenes, ni de estrellas. Me colocaba a su alcance. Le hablaba de bridge, de golf, de política y de corbatas. Y la persona grande se quedaba muy satisfecha de haber conocido un hombre tan razonable".

Conocí este libro cuando tenía 6 años y estaba en preescolar, y dejó una impresión muy fuerte en mí. Tanto así, que mi primera pesadilla recurrente contenía muchos elementos de esta novela como símbolos. Es más, sospecho que ha sido la piedra fundacional sobre la cual se gestó mi deseo de escribir.
En esa época, cuando tenía 6 años, era el peor tipo de niña que se pueda ser. Era una niña razonable. Me comportaba muy bien, tenía cuidado de no ensuciar el vestido que me habían puesto (el cual siempre estaba a tono con la cinta de raso de mi cabello), cuidaba meticulosamente mis juguetes y objetos escolares, y siempre recibía felicitaciones en el cuaderno. Los grandes pensaban que yo era una niña seria y responsable, e inteligente porque podía entender cosas que sólo los adultos entienden. Por supuesto que cuando estaba a solas conmigo misma, ya no pensaba en cosas razonables. Me sentaba en la horqueta de un árbol durante horas, imaginando como se sentiría ser esa mariposa blanca que revoloteaba sobre la flor del diente de león... O si el hecho de que me gustaran tanto las gomitas de eucalipto me hermanaba con los koalas. No le mostraba a los grandes mi colección de piedras o esa mancha de humedad que tenía forma de armadillo y estaba justo encima de la ventana. Pero aún así, era una niña razonable que se esforzaba por dibujar sombreros y que creía, erróneamente, que al ser grande podría dibujar lo que quisiera. Quería ser grande, y rápido, porque los grandes parecían saber tantas cosas, porque los grandes podían decir "NO" a secas y sin escuchar reproches. Ser grande parecía una cosa muy buena.
Afortunadamente poco antes de la pubertad algunos eventos que acontecieron en mi vida me permitieron darme cuenta de mi error; afortunadamente, porque gracias a ello pude animarme a ser de vez en cuando una niña poco razonable.
Han pasado muchos años desde entonces, y ya llegué a esa etapa en la cual tengo que esforzarme para comprender las explicaciones que me da un niño, y tengo que preguntarle una y otra vez la misma cosa.
Después de esta reciente lectura de El principito me he dado cuenta que, mal que me pese, no sólo sigo dibujando sombreros sino que además me he vuelto una experta en la materia.
Pero la vida me ha dado una segunda oportunidad para regresar al principado de la infancia, aunque ya no como anfitriona sino como invitada, que no es poco. Tengo una hija pequeña que, emulando al principito, siempre me pide que le haga dibujos. Me hace dibujar elefantes astronautas y dinosaurios multicolores, y también animales que sólo ella conoce. Y yo dibujo, aunque esté cansada o no sea el momento oportuno, porque me doy cuenta de que ese pedido es un obsequio, una pequeña ventana que ella me obsequia para compartir su infancia.


El principito sacando brotes de baobas en el asteroide B 612


"Si os he referido estos detalles acerca del asteroide B 612 y si os he confiado su número es por las personas grandes. Las personas grandes aman las cifras. Cuando les habláis de un nuevo amigo, no os interrogan jamás sobre lo esencial. jamás os dicen: "¿Cómo es el timbre de su voz? ¿Cuáles son los juegos que prefiere?¿Colecciona mariposas?" En cambio, os preguntan: ¿Qué edad tiene? ¿Cuántos hermanos tiene?¿Cuánto pesa?¿Cuánto gana su padre?" Sólo entonces creen conocerle. Si decís a las personas grandes: "He visto una hermosa casa de ladrillos rojos con geranios en las ventanas y palomas en el techo...", no acertarán a imaginarse la casa. Es necesario decirles: "He visto una casa de cien mil francos". Entonces exclaman: "¡Qué hermosa es!"
Si les decís: "La prueba de que el principito existió es que era encantador, que reía, y que quería un cordero. Querer un cordero es una prueba de que existe", se encogerán de hombros y os tratarán como se trata a un niño. Pero si les decís: "El planeta de donde venía es el asteroide B 612", entonces quedarán convencidos y os dejarán tranquilo sin preguntaros más. Son así. Y no hay que reprocharles. Los niños deben ser muy indulgentes con las personas grandes."



sábado, 26 de marzo de 2011

Pensando en esa pequeña cosa...

"Melancolía"- Edvard Munch (1895)



...Llamada felicidad.

"El grito silencioso" de Kenzaburo Oe, sigue gritando silenciosamente desde la mesita de luz. Lo tomo y lo dejo desde hace meses, y cada vez que vuelvo a él debo releer el capítulo anterior para"ponerme en clima". El libro consta de sólo doscientas sesenta y siete páginas... Estoy atascada en la página ciento treinta y cinco. Sinceramente, aún no puedo concluír si es por falta de empatía con el protagonista de la novela o bien por una fuerte sensación de rechazo que me generaron ciertos pasajes, lo cierto es que no puedo decidirme a avanzar con su lectura... Pero tampoco he desistido completamente, y es por eso que sigue ahí, asechando, en ruidosa latencia.

Mientras tanto he leído y releído otros libros, muchos de los cuales pasaron sin mayor relevancia. Entre los releídos se encuentra el clásico de ciencia ficción "Un mundo feliz" de Aldous Huxley. Dada mi propensión a la melancolía, no sé si fue un feliz idea releer esta novela. Pero bueno, por cuestiones azarosas me encontré una de las últimas tardes del pasado verano, leyéndolo.

Quería compartir el fragmento que me pareció más interesante...

"El salvaje movió la cabeza.

-A mí todo esto me parece horrendo.

-Claro que lo es. La felicidad real siempre aparece escuálida por comparación con las compensaciones que ofrece la desdicha. Y, naturalmente, la estabilidad no es, ni con mucho, tan espectacular como la inestabilidad. Estar satisfecho de todo no posee el encanto que supone mantener una lucha justa contra la infelicidad, ni el pintoresquismo del combate contra la tentación o contra una pasión fatal o una duda. La felicidad nunca tiene grandeza."

Un planteo provocativo, de esos que nos incitan a pensar.




jueves, 13 de enero de 2011

Viaje a Oriente



Esta novela corta de Hermann Hesse bien podría llamarse "Viaje a sí mismo". Es más, podría resumir todo el argumento en dicha afirmación; pero, entonces, perdería la oportunidad de fatigar a mis amigos lectores con mis sinuosas e inacabables oraciones y desvaríos.

Y sí, soy una lectora incorregible. Recaí en los clásicos, otra vez... No puedo evitarlo. Cada vez que siento que necesito leer "en serio" busco un autor clásico. Igualmente, puedo decir a mi favor que en esta ocasión la lectura me encontró a mí y no, yo a ella. En una mesa de saldos descubrí este precioso librito y no pude dejarlo pasar; el diseño de esta edición de Paidós es muy actual, tiene ese aspecto retro-chic que está de moda y fácilmente cautiva a cualquier diseñador... A mí me generó cierta nostalgia, me recordó viejas colecciones que sólo se consiguen en cajones de ofertas en ferias, con ejemplares maltratados y páginas resecas. Tiene un tamaño muy conveniente para ser llevado a todas partes, papel blanquísimo de buen gramaje que permite una cómoda lectura, y una relación tamaño/peso que se siente muy bien en la mano. No me miren con suspicacia... Vamos, seamos honestos. ¿Quién no huele un libro nuevo? ¿Quién no lo mira del derecho y del revés? ¿Quién no deja correr las yemas de los dedos por la cubierta?. En fin, es un librito sensorialmente muy agradable.

Este libro-librito, esperaba su turno para ser leído. Nunca me parecía el momento oportuno para dar inicio a su lectura. Hasta que surgió un viaje, curiosamente, a la República Oriental del Uruguay. Me iba de viaje a oriente, menuda indirecta, y quería llevar un par de novelas que no hicieran mucho bulto en mi bolso de mano; entonces, el libro-librito se presentó ante mis ojos en todo su esplendor.

Leí Viaje a Oriente una mañana, apenas amanecido el día, oyendo el romper de las olas y oliendo la brisa salada que llegaba hasta mí rodando desde una duna. Razón por la cual, cualquier libro que hubiese leído en ese momento me habría parecido bueno y pletórico de bellas palabras. Están advertidos. Pero, haciendo a un lado ese idílico escenario de lectura, puedo decir que me gustó leerlo y enriqueció ciertas ideas propias con nuevas metáforas.
En cierta forma, me dió la sensación de que Hesse cuestiona de manera burlona un prejuicio muy vigente que tiene que ver con las búsquedas metafísicas y espirituales. Esa creencia de que viajando a un destino exótico y místico, llámese India o Tíbet, por dar un ejemplo, encontraremos las respuestas a nuestras más intricadas preguntas; podremos beber hasta saciarnos de la fuente de la sabiduría y experimentar la iluminación de Buda. Creo que, ya sea yendo a un ashram, a un monasterio budista o, simplemente, en plan turista, a los lugares mencionados, volveremos tal como partimos si no buscamos primero ese saber dentro de nosotros mismos. Parece, o al menos así lo entendí yo, que Hesse pensaba algo por el estilo al respecto. Y de eso trata este libro, y casi sino toda la obra de este autor, de la búsqueda más antigua que ha emprendido el ser humano, la búsqueda de sí mismo, la búsqueda del ser. ¿Quién soy? ¿Quién estoy siendo? ¿Cómo y por qué ser? ¿Cómo puedo ser feliz siendo quien soy?
"Viaje a oriente" también nos recuerda esa cualidad que destacan humanistas y filósofos, cuando de ser y, sobretodo, de ser felices se trata: el valor. Bien definido por la RAE como "Cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros". Pienso que, efectivamente, la felicidad es una gran empresa que deberíamos emprender con resolución y convicción, sin perder nunca de vista quienes somos, y sin sosobrar ante la mirada ajena.

Reza una canción del compositor cubano Silvio Rodríguez...
La cobardía es asunto
de los hombres, no de los amantes.
Los amores cobardes no llegan a amores
ni a historias, se quedan allí.
Ni el recuerdo los puede salvar,
ni el mejor orador conjugar. *

Ni el amor, ni la felicidad, ni la vida misma parecen accesibles, o hasta posibles cuando ni siquiera tenemos el valor de ser quien, nos guste o no, ya estamos siendo. Puedo sonar pretenciosa al decir esto, y lo soy, porque me asumo como una autoridad en lo que a cobardía se refiere, ejem.
Y no estoy diciendo nada nuevo, lo sé, tampoco Hesse lo hacía... ¡Pero cuánto nos cuesta hacerles un espacio a estas ideas en nuestra vida-valija!

Les deseo a todos un buen viaje.



Fragmentos...


..."Naturalmente, estos sucesos solamente pueden impresionar a aquellas personas que estén poseídas por nuestro mismo espíritu. Por eso tal vez los hechos relatados suenen pobres y necios en los oídos profanos; pero todos y cada uno de los que vivieron aquellos días mágicos de Bremgarten podrían confirmar cuanto he dicho, añadiendo por su cuenta mil detalles a cual más bello. Siempre recordaré aquellos días: el reflejo de las colas de los pavos reales en los árboles cuando se mostraba la Luna; el brillo de las sirenas junto a las bronceadas rocas de la orilla del río; la figura enjuta de Don Quijote montando la primera guardia bajo los castaños; el brillo de los últimos cohetes por encima de la torre del castillo, bajo el manto negro de la noche; detalles hermosos que jamás olvidaré"...

..."Ya empieza a anochecer-dijo-, y pronto comenzará a llover. No sé gran cosa de las hazañas que llevó a cabo David, e ignoro si realmente fueron tan grandes como aseguran. Y, con toda sinceridad, tampoco conozco mucho sus salmos. No quisiera decir nada en contra de ellos. Pero de que la vida sea algo más que juego, de esto no me convencería ni el mismo David. La vida es bella y feliz precisamente cuando es esto: juego. Naturalmente que podemos hacer de la vida todo lo imaginable; podemos convertirla en un deber, en una guerra o en una cárcel, pero no por ello se hace más hermosa. ¡Hasta la vista; he tenido un gran placer...!"...

Extraídos de "Viaje a Oriente", de Hermann Hesse. Colección El arco de Ulises, Editorial Paidós, 2008. Traducción de Víctor Scholz.

*La estrofa pertenece a la canción "Óleo de una mujer con sombrero" de Silvio Rodríguez. Les recomiendo escucharla, es muy lírica.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Cometas en el cielo



Seis o cinco años atrás, escuché hablar de una novela llamada "Cometas en el cielo" (The kite Runner); era un éxito de ventas, y se la adjetivaba como: "fuerte", "violenta", "dramática", "emotiva", etc, etc, etc. Lo cierto es que a mí, personalmente, me había intrigado el título. Acababa de iniciar la escritura de un nuevo poemario al cual había decidido llamar "El país de los barriletes" ( acá en Argentina nos referimos a las cometas como barriletes) y, justamente, se trata de un conjunto de poemas que tienen como tema central a la infancia (infancia-abandono, infancia-violencia, infancia-nostalgia, infancia-sueño, infancia-juego, infancia-familia: infancia.) Entonces me dije "Qué curioso" porque me habían comentado que la historia giraba en torno a dos niños afganos. Pasaron los años, ya no sa hablaba tanto del libro y salió otro del mismo autor, llamado "Mil soles espléndidos". Me dije: ¡Qué título maravilloso, extremadamente poético! Tengo que leer alguna de estas novelas" Así, en imperativo, tengo qué. En fin, cuestión que recién hace unos cuatro meses leí la primer novela de Khaled Hosseini.
Han sido muchas sensaciones encontradas. Por empezar, dejé, intencionalmente, que pasara cierto tiempo desde su lectura, porque deseaba saber cómo me iba a sentir al respecto cuando el primer impacto se hubiese disipado.
Apenas comencé a leer el libro, me di cuenta de que no me encontraba ante una obra maestra de estilo; era, a fin de cuentas, un libro de lectura bastante accesible, que fluía sin mayores pretensiones. También aparecieron las señales de alerta, que anunciaban la naturaleza del hecho dramático central del argumento... O sea, el autor me preparaba, o no tanto, para el golpe bajo que llegaría inexorablemente. Y digo no tanto, porque en realidad el autor no advierte, sino que prepara un clima expectante que realza el efecto dramático. Llego al séptimo capítulo, donde cobra sentido el nombre del libro... Y ¡zas! me asesta el golpe, yo, que no me hago a un lado, lo recibo de plano. Pero era evidente, me digo, por qué otra razón se hubiera empecinado el autor , una y otra vez, en hablar del bueno de Hassan. Hassan el nene hazara, que es leal en el maltrato, que se muestra siempre honesto y humilde, noble con los villanos, sonriente y valiente en medio de la injusticia... Hassan es, por momentos, inverosímil de bueno. Hassan, el de la cara redonda y los ojos achinados, Hassan el buen amigo. Y uno, leyendo, se va diciendo "¿Qué va a pasarle a Hassan?"... Y uno mira con desconfianza al protagonista de la historia, a ese narrador en primera persona: Amir, el niño afgano de buena familia, el señorito que busca ser reconocido como hijo de su padre. Intuímos, sabemos, que no está a la altura de las circunstancias. Nos damos cuenta rápidamente de que no es tan honesto, ni tan noble, ni tan valiente como Hassan... No es buen amigo. Pienso "de cobardes está lleno el infierno" y me resigno ante lo inevitable.
Pero no, no todo se resume al capítulo séptimo. Quedarían muchos golpes bajos por venir. En cierta forma, el que sean varios, hace que cada vez sea más fácil digerirlos o, incluso, tragarlos sin masticar. Me quedó además la sensación de que me jugó en contra mi sensibilidad hacia determinados temas. Otros, creo, no deben haber estado tan predispuestos a sufrir con el argumento. Un mes después de leerlo seguía emocionalmente afectada; no tanto por el libro en sí, sino porque sé que la realidad de muchos niños, en Afganistán y en tantos otros sitios del mundo, se parece demasiado a la de Hassan... Y hasta la superan en violencia y dolor.
La novela no es amable, y tampoco respetuosa. Es políticamente correcta por momentos, en demasía, y en otros no tanto. Y, sin embargo, cosas para apreciar positivamente encontré varias: el antihéroe que encarna el protagonista; su culpa, su intento de redención a medias, que lo hacen más creíble y, asimismo, no le permite al lector sacarse el malestar de encima. No todo puede revertirse en la vida. No todo mal puede borrarse. Y nos deja un final, casi feliz; o bien, todo lo feliz que una historia, como la narrada, nos permite imaginar. No es un final alegre, pero nos deja entrever que, más tarde, quizás lo sea.
Otro aspecto a destacar me pareció la mención de ese eterno conflicto psicológico con la figura del padre. La búsqueda de la propia identidad frente a un padre que se muestra, o se percibe, omnipotente, infalible. La necesidad de ser reconocido por él, en ese camino tortuoso que se incia en la pubertad y, supuestamente, termina en la edad adulta. Y todo lo bueno, y todo lo malo que hacemos por, desde y para nuestros padres.
Hace cuatro meses la novela me impactó. Hoy, cuatro meses después, pocas imágenes de la misma me quedan. Es un buen libro si uno siente que está emocionalmente entumecido. Si se busca una lectura reflexiva, no creo que sea la mejor opción. Sin embargo, no lean mis palabras con tono ácido; no es esa mi intención. Disfruté este libro, aunque no lo considere relevante ante el paso del tiempo. Lo volvería a leer. Y sí, la novela hace pie en aspectos reales de la sociedad afgana... Y no, no creo que sea una novela testimonial. Notas de color étnico y drama. Y las cometas, por supuesto... Cometas que, en este caso, tienen un hilo revestido de vidrio molido. Imagínense.


Fragmentos...


"La tradición local cuenta que, una vez, mi padre luchó en Baluchistán contra un oso negro sin la ayuda de ningún tipo de arma. De haber sido cualquier otro el protagonista de la historia, habría sido desestimada por laaf, la tendencia afagana a la exageración; por desgracia, una enfermedad nacional. Cuando alguien alardeaba de que su hijo era médico, lo más probable era que el muchacho se hubiese limitado a aprobar algún exámen de biología en la escuela superior. Sin embargo, nadie ponía en duda la autenticidad de cualquier historia relacionada con Baba.Y si alguien la cuestionaba, bueno, Baba tenía aquellas tres cicatrices que descendían por su espalda en un sinuoso recorrido. Me he imaginado muchas veces a Baba librando esa batalla, incluso he soñado con ello. Y en esos sueños nunca soy capaz de distinguir a Baba del oso."


"Un mínimo de dos docenas de cometas surcaban ya el cielo. Eran como tiburones de papel en busca de su presa. En cuestión de una hora, la cantidad se dobló y el cielo se pobló de brillantes cometas rojas, azules y amarillas. Una fresca brisa revoloteaba en mi cabello. El viento era perfecto para volar, soplaba con la fuerza justa para sustentar la cometa arriba y facilitar los barridos. A mi lado, Hassan sujetaba el carrete, con las manos ensangrentadas ya por el hilo"


de "Cometas en el Cielo", Khaled Hosseini. Ediciones Salamandra, 2009.

jueves, 23 de septiembre de 2010

¿Quién lo hizo?

"Autoretrato"-Edvuard Munch


Si no existe esa incógnita como premisa no es una novela policial. ¿Quién lo hizo?.
Tres palabras que funcionan como el mejor disparador universal de conjeturas. Incluso en los blogs tenemos la variante literaria, encarnada en ese: ¿Quién lo escribió?; juego en el cual, avezados lectores, ponen a prueba su memoria y dotes detectivescas para dar con el autor de un texto.

Cuando se mencionan las palabras "novela", "detective", "policial", "misterio", en cualquier conversación de sobremesa, seguramente alguien menciona a Conan Doyle, Agatha Christie o , más recientemente, Larsson, Mankell, entre otros autores. Nunca nombran a Wilkie Collins.
Evidentemente, quedan excluídas las conversaciones entre lectores empedernidos de este género, o bien lectores con frondosos antecedentes que bien pudieran conocer a dicho autor.

Hoy se cumple un nuevo aniversario de la muerte de William Wilkie Collins, narrador y dramaturgo inglés, que tiene el poco despreciable mérito de ser considerado padre de la novela policial. Cuestión que no debe ser tan así pero tampoco deja de serlo. Y hasta que alguien demuestre, de manera contudente e incuestionable, que estamos en un error diciendo esto, seguiremos repitiéndolo.

La primer novela policial que leí fue "La piedra lunar" ( The moonstone), escrita por Collins en el año 1868. Clásica entre las clásicas del género. Claro que yo no sabía eso cuando la leí; la encontré juntando polvo en un estante, y la devoré en un par de calurosas tardes de Enero. Podrá parecer lenta para los tiempos que corren, podrá pecar de simple en el argumento... Y seguramente, si hubiese sido escrita actualmente no recibiría el visto bueno de ningún editor (le faltarían homicidios y escenas de contenido sexual); pero a mí me gustó. Los primeros libros son así, como los primeros amores... Se quedan con nosotros sin importar qué o cómo.

Es una novela con un detective: el Sargento Cuff, un detective con cierta debilidad por las rosas y la floricultura. Un mayordomo: Gabriel Betteredge, lector místico de "Robinson Crusoe". Una mujer joven, bella y rica: Miss Rachel Verinder. Un héroe romántico, pretendiente de la susodicha joven mujer, bella y rica: Franklin Blake. Un tercero en discordia: Godfrey Ablewhite. Hay otros personajes característicos del género: el abogado de la familia, el médico, la criada, etc, etc, etc. Y la clave que da nombre al libro: una joya maldita. Un diamante hindú conocido como "La piedra lunar". Obviamente con todos estos elementos se puede construír algo interesante... Si se sabe cómo, por supuesto. Algo novedoso para la época fue, a mi entender, la construcción coral del relato. La historia se "reconstruye" para el lector a través de varios personajes que ofician de narradores. El recurso no resulta tan efectivo para sumarle complejidad, pero sí ayuda a mantener el interés cuando ciertos eventos resultan de resolución muy evidente para el que lee. En esta novela, el lector sabe tanto como el detective sobre lo acontecido; razón por la cual no hay mucho margen para dar giros inpesperados en la trama. Son flaquezas que encuentro ahora, después de haber leído otros libros. Pero hay que tener en cuenta el aporte insoslayable que resultó ser para novelas posteriores. Todo parece fácil de hacer cuando ya está hecho.

La imágen que usé para el post es la misma que ilustra el ejemplar que leí de La piedra lunar. Pareció muy pertinente.

Cosas de la casualidad... Acabo de mirar por el ventanal del balcón. Hay una exquisita luna llena, bien redonda y amarilla. Un poco de neblina. Un ambiente ideal para dar inicio a algún misterio, ¿no?.

Fragmentos:


"- Si mira usted en torno suyo, cosa que muy poca gente hace- dijo el Sargento Cuff-comprobará usted que los gustos de un hombre se hallan, la mayor parte de las veces, en pugna total con lo que hace. Muéstreme dos cosas más antagónicas que un ladrón y una rosa y me comprometo a cambiar mis preferencias... Si no es ya demasiado tarde para realizar tal cosa, a esta altura de mi vida. ¿No le parece, señor jardinero, que la rosa de damasco es un buen injerto para las otras variedades más frágiles? ¡Ah! En mi opinión, sí. He aquí al ama. ¿No es ésa Lady Verinder?.

La había visto antes que yo o el jardinero... Y eso que ambos sabíamos hacia qué lado mirar para dar con ella y él no. Comencé, pues, a pensar ahora que se trataba quizá de un hombre más listo de lo que supusimos a primera vista."


"Ni un solo vestigio de su existencia advertí en el plantío. Cuando, después de trasponerlo, avancé por los médanos en dirección a la costa, pude verla con su pequeño sombrero de paja y la sencilla capa gris que usaba siempre para disimular, de la mejor manera posible, su hombro deforme. Allí estaba, solitaria, dirigiendo su vista, a través de las arenas movedizas, en dirección al mar."

Fuente: "La piedra lunar"- Centro Editor de America Latina- 1979.

domingo, 11 de julio de 2010

La casa y el mundo




Hace diez días finalicé la lectura de la novela que presta su nombre a este post. El libro pertenece a Rabindranath Tagore, autor que me es familiar por su poesía y sus maravillosos aforismos, pero del cual desconocía su obra en narrativa. En cierta forma, se podría decir que abordé esta novela condicionada por el personaje que encarna su autor; y por esto me disculpo de antemano.

La casa y el mundo es una novela bastante corta, con pocos personajes y un argumento que se desarrolla através de diálogos y monólogos. La ausencia de acciones concretas y la construcción de un clima expectante, hicieron que los primeros capítulos me parecieran algo sinuosos... Por momentos llegaron a impacientarme. Se anuncia explícita e implícitamente un acontecimiento desafortunado, cuyo origen queda a la vista desde el segundo capítulo... Y para el cuarto capítulo ya puede considerarse como algo consumado, aunque tal vez, de hecho, nunca suceda.
Si bien por momentos disminuía mi interés en el argumento, seguí leyendo. Leí hasta que me topé con una pared, que resultó ser la tapa posterior del libro. Entonces moví la cabeza de arriba hacia abajo hasta dar con el pie de página; ¿faltan páginas?, me preguntaba. Acudí al índice. No, no faltaban. Efectivamente, la novela había concluído. Sin embargo, no pude quitarme de encima la sensación de que me habían robado algo. Quizás el estilo de la novela me hizo esperar, falsamente, cierto epílogo que nunca fue escrito.
No es una historia de final abierto, el final simplemente se aleja... Sale de la casa, en el cuerpo de uno de los personajes principales, y me deja viéndolo alejarse.
Voy a adelantar mi juicio personal sobre esta lectura antes de seguir con el ¿análisis? de la misma: valió la pena, el saldo fue positivo. Aprendí un poco más de la cultura hindú-bengalí; y tuve también ocasión de reflexionar sobre un tema que me interesa bastante: la política, las ideologías y su relación con la sociedad.

Los personajes que dan cuerpo a la historia son cuatro:

Bimala: Es el primer personaje en dar su voz al relato. Se trata de una rani, una princesa hindú, un miembro de una casta superior de la sociedad bengalí. Está casada con un maharajá y zamindar (algo así como un señor feudal) de la región, Nikhil.
Bimala es felíz dentro del rol que le toca. Se siente realizada al haber encontrado un marido que la ama y disfruta de ser una especie de reina dentro del acotado mundo en que se mueve: la casa, y ese detrás de escena que esconde la purdah ("cortina", la costumbre de ocultar a las mujeres de la vista de cualquier hombre que no sea un miembro del núcleo familiar). Sin embargo, la intromisión de Sandip, un viejo amigo de Nikhil y líder carismático de un moviento popular, descubre en ella inquietudes que mantenía silenciadas.

Nikhil: es un maharajá, un príncipe hindú y zamindar, señor que posee tierras y colonos a cargo, con todo lo que esto implica. Es un hombre joven, rico y privilegiado, pero también culto y educado, con un profundo deseo de superación. Es discípulo de Chandranath babu, maestro que lo ayuda en su búsqueda de sabiduría y de un bien mayor. Ama a Bimala y desea que ella deje atrás la purdah y los prejuicios de clase, quiere que ella vea al mundo con otros ojos, los suyos. Este deseo, aunque en cierta forma loable, lo aleja de ella. Nikhil es una persona pacífica, que adhiere al swadeshi, el movimiento nacionalista que busca reivindicar lo autóctono desde el consumo y la producción con fines comerciales; sin embargo, no rechaza lo extranjero, se rehúsa a demonizar lo foráneo entendiendo que también es necesario para el desarrollo de su nación.
Nikhil es un nombre de origen sánscrito, que quiere decir algo así como "el hombre sin vínculos, sin lazos". Refiriéndose a la persona que ha dejado atrás los vínculos personales, el apego, para lograr mayor sabiduría. Queda en claro, leyendo la novela, que la elección de dicho nombre se debió a algo más que a un capricho del autor.

Chandranath babu: maestro arquetípico. Es por momentos un alter ego del propio Rabindranath Tagore. Si bien intenta vivir y transmitir su filosofía, su forma de entender las cosas y el mundo, en todo momento; es a su vez una persona con los pies en la tierra, capaz de hacer a un lado las ideas cuando el sentido común o el bienestar del prójimo se imponen.

Sandip: de este personaje diré para empezar que, en cierto punto de la lectura, me hizo exclamar en voz alta: "¡Es un político!"; como quien hace un descubrimiento desagradable. Y realmente lo es y de la peor clase, a mi entender por supuesto. Sandip es un vendedor de ideologías, una persona con gran poder de persuasión y carisma, que sabe dar discursos encendidos y lograr adhesiones, especialmente entre esos individuos ávidos de banderas que enarbolar: los estudiantes universitarios. Disfruta de la amistad de Nikhil, de los réditos económicos que dicha amistad le confiere; pero rechaza el tipo de persona que éste encarna, lo considera débil, ingenuo.
Sandip exclama "¡Bande mataram!" a cada paso, como grito de guerra, frase alusiva a un himno nacionalista. Está decidido a llevar al swadeshi hasta sus últimas consecuencias, desestimando los problemas que con ello trae a su propio amigo y a otros sectores de la sociedad. Piensa que los fines justifican los medios y que él es quién debe dirigir a los demás hacia esa meta.


Hay algo atemporal en esta novela, que hace que pueda trasladarse hasta nuestros días. Ese algo que convierte a muchos libros en clásicos supongo. Transmite de forma sútil, casi furtiva, un entendimiento profundo del comportamiento del individuo y la sociedad frente y dentro de un movimiento ideológico. Retrata al político extremista, al seguidor apasionado, al idealista apolítico y al sabio, el que ejerce liderazgo sin estridencias siendo él mismo un ejemplo a seguir; a todos estos personajes que podemos encontrar dentro de nuestra propia realidad.
El título, la casa y el mundo, hace referencia a ese mundo que representa la casa para Bimala, una mujer; pero también al refugio en el cual el hombre recrea y piensa el mundo. Una parte en el todo.


Fragmentos:

..."-No sería una tiranía egoísta, sino una tiranía en beneficio del país.
-Tiranizar para el país es tiranizar al país. Temo que no puedas comprender esto nunca.

Después de estas palabras dejé a Bimala."


"- El país no es la tierra, son los hombres que ella sustenta-continuó mi maestro- ¿Han lanzado ustedes siquiera una mirada a esos hombres? No, pero ya quieren imponerles la sal que han de comer y los vestidos que han de usar. ¿Por qué han de sufrir esta tiranía? ¿Y por qué hemos de permitir nosotros que la soporten?
-Nosotros no usamos más que sal hindú, azúcar hindú y ropa hindú.
-Háganlo si con ello creen calmar su excitación y alimentar su fanatismo; ustedes son ricos; en ustedes los gastos no hacen mella. La gente pobre no les molesta a ustedes, a pesar de lo cual quieren someterla a sus tiránicos caprichos. La vida de esa gente es en todo momento una lucha para obtener con qué vivir. Ustedes no pueden imaginarse lo que significa para estos desventurados una diferencia de algunos pices; ustedes no tienen nada en común con ellos. Ustedes han pasado su vida en una esfera superior y ahora bajan hasta los pobres para hacerlos instrumentos de su cólera. ¡Es una cobardía!"...


fuente: "La casa y el mundo" de Rabindranath Tagore. Editorial Sol 90, edición de 2003.

viernes, 25 de junio de 2010

Cortando flores a un costado del camino...





...Así, un poco jugando, un poco en serio,
sin darnos cuenta,
hemos llegado al centenar de posts.

¡Gracias amigos lectores!

Y ahora, a lo que venía. Voy a comentar mi última lectura.


Se trata de una novela titulada "Flores de un sólo día", la autora es una profesora de letras nacida en Estados Unidos, de ascendencia japonesa, y radicada en Argentina desde hace varios años, Anna Kazumi Stahl.

[Disgresión:
Esta novela fue o es uno de esos libros que me colocó frente a un dilema: el de la crítica negativa.
Consciente o inconscientemente, siempre trato de no comentar los libros que no me gustan. Los comentarios desfavorables que pueda hacer sobre un libro, siempre me dejan una sensación molesta... Creo que, más allá de que trate de hacerlo con moderación, hay algo de crueldad en la crítica.
Un libro es el hijo mimado de alguien. Aún los libros que consideramos "malos" llevan sus horas de trabajo; cargan con las expectativas y sueños del autor, de sus colaboradores, del editor, incluso con los de la persona que hizo el diseño de tapa. Y viene uno, el lector a decir que no le gusta. Pobre libro... ¿qué mal nos hizo?. ]

El libro gira en torno a dos personajes: Aimée y su madre Hanako; y trata, básicamente, sobre la identidad de ambas (siendo inmigrantes forzosas y teniendo encima un bagage multicultural) y de la relación que hay entre ellas.
Hay dos cosas que hubiese podido saber con sólo leer la novela: que el autor es una mujer y que es profesora de letras. Todavía estoy tratando de discernir si esto es malo o bueno (el hecho de haberme dado cuenta, y si es bueno para una escritora quedar asociada a lo que han denominado "literatura de género"). Pero es así.
Se percibe la mano femenina en la forma en que va tejiendo, o desovillando, el relato. El modo en que trata a los personajes y sus emociones, lo sugiere.
Quizás un error sea confundir a la narradora con la protagonista de la historia, desestimando el proceso de creación. Anna no es Aimée. Una vez hecha esta salvedad, el relato gana cierto crédito.
La novela no es de mi gusto personal, pero no por ello deja de tener aspectos interesantes. Hay una referencia constante y obligada al arte del ikebana. Acercándonos un poco más a esta expresión del arte janponés que, erróneamente, confundimos con algún artilugio de la decoración de interiores. El ikebana tiene aspectos fascinantes, rebosa de simbologías; busca transmitir con sus flores, y demás elementos que lo componen, lo mismo que se transmite a través de los versos. Una tarea por demás difícil si se lo piensa.

Lo que no me gustó...

Los personajes están sobre-descriptos. Esto es para mí, y no tiene que serlo para los demás, un fallo del narrador y uno muy frecuente; especialmente en novelas que tienden a ser muy accesibles, muy "abordables", para aquellos que son sólo lectores esporádicos ( por gusto o por falta de tiempo). Nos describen y explican hasta el hartazgo desde la apariencia hasta las motivaciones del personaje; entonces, en lugar de construírse, de recrearse, en mi psiquis, lo tengo ahí parado, por delante del relato, como maniquí en escaparate. Los personajes parecen no desarrollarse, no crecen dentro del que lee... Y, al terminar el libro, los abandono a su suerte sin el menor miramiento.

El argumento en sí me pareció algo pobre y excesivamente sentimental, por momentos algo inverosímil. Hubieron un par de capítulos que me recordaron ciertos libritos de Corín Tellado (sin intención de desmerecer dicho tipo de lecturas, que, como todo libro, tienen su lugar y su momento en la vida del lector). El ritmo de la narración se me hizo lento en los primeros capítulos; ganó dinamismo con la introducción de algunos nudos a resolver. Siendo concisa, lo que más me disgustó fue el desenlace... Me pareció muy desacertado, me dió la impresión de que le restaba gravedad, intensidad, a la historia. Un final al mejor estilo hollywoodense.

Igualmente, puede resultar una lectura entretenida y, probablemente, después de leer esta novela uno sienta el deseo de acercarse a una florería.

Hago una observación que, pienso, puede resultar de utilidad. Este libro me llegó a través de una conocida que encarna un tipo de lectora con gustos algo diferentes a los míos. Ella siempre me da a leer libros que yo no elegiría, y se lo agradezco. Me incentiva a abrir mis horizontes literarios y, de vez en cuando, encuentro algún libro que me sorprende favorablemente.
Es una lectora pasional, con gusto por las novelas de autoras latinoamericanas: Isabel Allende, Marcela Serrano, Gioconda Belli, Laura Restrepo; y autores contemporáneos como Luis Sepúlveda. Le atraen también las historias que ahondan en ciertos modelos freudianos; así como también aquellas que transmiten una idea de lucha frente a la adversidad, una búsqueda de la propia verdad. Una lectora culta que busca novelas que reflejen, de algún modo, su forma de pensar y sentir sobre la vida misma.
Si eres, sos, este tipo de lector, lectora, quizás disfrutes este libro más que yo.


Los fragmentos...

"Para Hanako era un día como sólo otros dos o tres de su vida. Por lo inconcebibles que fueron. Y por el daño que causa una experiencia que carece agresivamente de sentido. Puntos tenaces en la vida de cada uno, impresos en terribles detalles inmutables. Pero así cómo están, grabados, así se quedan. Ésa es la ventaja que uno tiene: no fluyen en las corrientes de los otros días, más comunes, más acumulativos. Son terribles y estáticos, permanecen como veneno estacionado, como una especie de vacuna, que tal vez duele pero sobre todo previene"...


"Mientras tanto, en otra parte de la ciudad, Aimée y Hanako están en el departamento; salen del cuarto lleno de flores y van hacia la cocina. Son las dos de la misma estatura; caminan al mismo tiempo; se asemejan en los movimientos fluidos de los brazos delicados, las piernas delgadas. Preparan la comida, y están juntas en ese silencio que comparten, que no es frío, sino cálido y continente, como un ambiente en sí. Al tiempo, vuelven a las flores. Hoy son gladiolos naranjas y lirios atigrados, amapolas escarlatas y ramas verdes de pino. Hanako elige entre ellos y comienza- con lentitud sensual, con contemplación- a armar el arreglo que es lo primero que ve Fernando cuando llega a su casa, como un saludo de bienvenida que es todos los días igual y cada vez disinto."


Fuente: "Flores de un sólo día", de Anna Kazumi Stahl. Editorial Seix Barral, primera edición, año 2002.

Para aprender sobre el ikebana:
http://www.jardinjapones.org.ar/culturajaponesa/disciplinas/arte.arreglo.floral/ikebana.htm

jueves, 6 de agosto de 2009

De página a página, de rama en rama...



"El barón rampante" es uno de esos libros que todo lector, que se precie de serlo, seguramente ha leído; y probablemente lo ha hecho en la adolescencia (período lector en que se devoran clásicos y cómics casi con el mismo afán). Sin embargo, éste era uno de los eternos libros en mi extensa lista de lecturas pendientes; pendientes porque me intrigan o despiertan mis ansias, y no me resigno a no leerlos (mejor tarde que nunca).
Lo terminé de leer hace rato ya, casi dos meses. Y cuando pensaba en posibles ilustraciones para el texto, me vino a la cabeza el último post que hice para el blog. No me imagino una novela más propicia para la estética de Miyazaki que ésta. Ahora no me abandona la delirante idea de que alguien le acerque una adaptación al realizador japonés y, así poder ver, un Cosimo animado.

La lectura de esta obra de Italo Calvino me devolvió la sensación gratificante y estimulante que ocasiona leer un buen libro. Un excelente libro. Aunque se me hace difícil concebir toda una vida encaramada a los árboles, no pude evitar dejarme llevar por ese rumor a hojas y páginas, a follaje que puede estar encuadernado o no. Mientras leía me llegaba el aroma a pino y roble, a papel áspero y tapas de cuero, con un dejo a mar, allá a lo lejos. Y página a página me fui descolgando de las ramas, temerosa de volver, muy pronto, a tocar tierra. Recordé ciertas lecturas de mi infancia recostada sobre el tronco de un viejo paraíso, o bien sentada en la horqueta de un aguarabay como si la misma fuera una poltrona. Pero más que nada, me sentí transportada a esa casita en el árbol que construímos con la lectura de un libro-amigo, ése que vino para quedarse y acompañarnos.

Les dejo el link de un artículo escrito por Ítalo Calvino, titulado "Por qué leer los clásicos"
http://www.edicionesdelsur.com/articulo_209.htm
Y otro en el que cuenta cómo escribe
http://www.lamaquinadeltiempo.com/prosas/calvino01.htm

Fragmento:

"También Cosimo, como Óptimo Máximo, era el único ejemplar de una especie. En sus sueños con los ojos abiertos se veía amado por bellísimas jóvenes; pero ¿cómo encontraría el amor, él, allá en los árboles? En sus fantasías conseguía no imaginarse el lugar donde aquellas cosas sucederían, si en el suelo o allá arriba donde ahora estaba; se figuraba un lugar sin lugar, como un mundo al que se llega andando hacia arriba, no hacia abajo. Eso es: quizá era un árbol tan alto que subiendo por él se tocaba otro mundo, la luna. "

martes, 21 de octubre de 2008

El dinero no compra la felicidad...

Anteayer terminé de leer Eugenie Grandet, novela de Honoré de Balzac. Inicié su lectura tres días antes, y se dió una de esas pequeñas casualidades que a veces me hacen sonreír...

Los primeros versos del poema "Los limones" de Eugenio Montale que posteé unos días antes:

Óyeme, los poetas laureados
se mueven solamente entre las plantas
de nombres poco usados: boj, ligustros o acantos.

Y he aquí la dedicatoria que antecede a la novela:

A María

Su retrato es el adorno más hermoso de esta obra. Que su nombre sea aquí como una rama de boj bendita, arrancada de cualquier árbol, pero santificada por la religión y conservada siempre verde por manos piadosas para proteger la casa.
De Balzac


No recuerdo haber leído la palabra boj antes de eso. No creo conocer tampoco al arbusto que designa, según la RAE mide unos cuatro metros y tiene flores blancas (que huelen mal).

Perdón por la disgresión.

"Eugenie Grandet" es una de las novelas más conocidas de Honoré de Balzac, fue escrita en el año 1833 y está ambientada en la Restauración, ese breve período en el que los conservadores quisieron reestablecer el poder de los Borbones y la Iglesia Católica, en Francia. Es una novela costumbrista, como toda la obra de Balzac que compone la "Comedia humana" y como casi toda, sino toda, novela escrita en esa época. Y su tema es: la avaricia.
¿Quién es Eugenie? Una joven de provincia, hija de un hombre extremadamente avaro quién es realmente el personaje principal de la historia. Eugenie no tiene mucha relevancia, su única función en la historia es poner en relieve la avaricia de quienes la rodean. Su madre es una buena mujer, pero totalmente sometida al mandato social y al gobierno de su esposo. Sus ¿amistades? sólo ven en ella a una rica heredera, un instrumento para obtener sustanciosas rentas. Eugenie es rica, pero vive en la pobreza, pasa frío, se conforma con poco. Es envidiada y, sin embargo, no conoce del mundo más que un retazo; no ha experimentado pasiones ni sueños. Pero encarna la heroína estoica, libre de culpas, que toda buena novela clásica requiere.
El relato es un exquisito retrato de época, abundante en detalles y referencias históricas. Pero sería injusto pensar que Balzac sólo retrataba, siguiendo sus aspiraciones ( es bien sabido que sus grandes esfuerzos como escritor y las privaciones a las que se sometía, tenían como Norte el prestigio y la inclusión en los círculos selectos de la sociedad parisina); sin críticas. Al contrario, las hay; críticas que moralizan, pero críticas al fin. Eugenie Grandet describe minuciosamente la maquinaria empleada para ascender socialmente y acrecentar el patrimonio, las ventajas de hacer un buen matrimonio, los intereses escondidos detrás de los distintos actores sociales en la pequeña ciudad de Saumur, la especulación y la codicia en todo su esplendor.

Quisiera contar más, pero siempre existe la posibilidad de que un futuro lector ande por ahí.
Disfruté mucho leer una novela clásica, estaba de humor para ese tipo de literatura. Y de Balzac, hay tanto para escribir que lo voy a dejar para otro post.

A continuación, pequeños fragmentos:




"Estos gérmenes de melancolía existen en la fisonomía de una casa situada en Saumur, al extremo de la empinada calle que lleva al castillo por la parte alta de la ciudad. Esta calle, ahora poco frecuentada, cálida en verano, fría en invierno, oscura en algunos parajes, es notable por la sonoridad de su empedrado de pequeños guijarros..."

"En pocos minutos, la noticia de la magnánima resolución de Grandet llegó a tres casas a la vez y ya no se habló en toda la ciudad más que de aquel gesto de abnegación fraternal. Todo el mundo perdonaba a Grandet la venta que había hecho faltando a la fe jurada entre los propietarios, y se admiraba su honor y se alababa una generosidad de que no le creían capaz. Es muy del carácter francés entusiasmarse, encolerizarse o apasionarse por las cosas del momento o por el acontecimiento de la actualidad. ¿Será que carecen de memoria los seres colectivos y los pueblos"

"Y se escapó, avergonzada y feliz de haber ido. Sólo la inocencia tiene tales atrevimientos. La virtud instruída calcula tan bien como el vicio."






"El avaro"- Mariano de Cossío

miércoles, 12 de marzo de 2008

¿La vida enferma?

Anoche terminé de leer "La hermana" de Sándor Márai. ¿Qué me pareció? Buena.

En realidad mi opinión sobre la novela fue cambiando sobre la marcha. A ver...
"La hermana" no cumple con algunas reglas que yo misma inventé para discriminar entre una novela bien escrita, que cumple efectivamente con la función de entretenerme por un rato, y aquella que dejará una impronta a lo largo del tiempo. Por ejemplo, los personajes no se revelan a través de sus actos, sus dichos, de la interacción que pueda surgir entre ellos, sino que el narrador nos describe permanentemente cómo son, dentro de lo que él mismo puede saber, dejando poco librado a la imaginación. Por otra parte, no hay un desenlace sorpresivo, acciones inesperadas; todo está dicho de antemano. Pero aún así seguí leyendo; así que tuve que concederle cierto mérito en eso. O sea, es una de esas historias en las que ya se sabe qué y a quién le sucedió tal cosa, y leemos para saber el cómo. Por suerte, cuando ya llevaba dos tercios del libro leído, encontré nuevas razones para seguir leyéndolo.
Esta novela trata sobre la enfermedad. ¿Qué es la enfermedad?¿Qué relación tiene con la vida, con la muerte?. El lenguaje que emplea Sándor Márai para describir el padecimiento de su protagonista, un afamado músico y concertista, "Z", es por demás voluptuoso. El personaje vive su enfermedad y Márai nos participa, regodeándose en el dolor y sus metáforas... Tanto es así que llegó un punto en el que tuve la sensación de que, al voltear la siguiente página, iba a caer presa del malestar. Pensaba "Basta!, que alguien haga algo, que se mejore de una buena vez y me libere a mí, como lectora, de su convalecencia".
Este libro plantea algunas de las cuestiones que me parecen fundamentales para empezar a entender que concepción de vida y que concepción de muerte llevamos a cuestas. "Z" enferma por la vida que ha llevado, o por la negación de la misma; en cierta forma se ha negado a vivir en plenitud, se ha traicionado a sí mismo. Esta traición se manifiesta en la enfermedad y tomará conciencia de ésto cuando acepte a la muerte como algo inevitable e inminente.


Fragmento:

"La hermana", Sándor Márai ("A nóvér", 1946),

..."Y lo entendía de veras. Ahora entendía por qué se había alegrado cuando le había dicho que sentía náuseas al pensar en la música. Y también sentí que en ese momento- por primera vez desde nuestro encuentro- ya no me "trataba", sino que me "curaba", o sea que me ofrecía lo que yo había esperado ávida y silenciosamente: la verdad. Nos miramos tan penetrantemente como dos ladrones que al amparo de la nocturnidad se cruzan de pronto en una casa por desvalijar.
-La mentira que el día anterior aún se llamaba trabajo o deber, ambición o amor, o vida familiar- prosiguió-. Han sido necesarios miles o decenas de miles de días y noches para que en el interior de un cuerpo, en su sistema nervioso, en sus sentidos, esa mentira se transformara en una única realidad insoportable, hasta que un buen día el organismo, todo el individuo, anuncia con un gemido penoso que la mentira se ha convertido en una intolerable sensación de pánico. Grita que ya no soporta su entorno o su propia vanidad, o la rutina con la que ha pretendido tapar el vacío de su vida, que ya no soporta la mecánica repetición en que se ha transformado el talento que le fue concedido por Dios. Y entonces sigue gimiendo y gritando, porque ya no aguanta la mentira transformada en enfermedad. Y siente náuseas, como si lo hubieran envenenado. Y en efecto, lo han envenenado con un veneno pertinaz y desconocido incluso por los curanderos de los Médicis o los Borgia... La vida es veneno si no creemos en ella, si ya no es más que un instrumento para colmar la vanidad, la ambición y la envidia. Entonces uno empieza a sentir náuseas, como...
-Como yo antes del concierto- dije con calma-. El mismo día que usted me trajo en su coche aquí. Y como desde entonces, cada vez que la música me viene a la cabeza."...


extraído de "La hermana", Sándor Márai, Editorial Salamandra, edición de Abril 2007. Traducción del húngaro de Mária Szijj y J.M. González Trevejo.

lunes, 28 de enero de 2008

El Viejo y el Mar

Acabo de soltar el libro que estaba leyendo. Recojo el sedal y traigo hacia mí esa criatura mítica que da brincos entre sus párrafos. Cierro los ojos, inhalo el olor a salitre que llega desde muy lejos, y descanso. Han sido cuatro arduos días de viaje marítimo ... o al menos eso es lo que siento después de haber leído "El Viejo y el Mar" de Ernest Hemingway.
Hemingway escribió dicha novela por encargo de la revista Life en el año 1952. Seguramente, no imaginó entonces que, un año después, recibiría el Premio Pulitzer por ella.
"El Viejo y el Mar" cuenta una historia simple y poderosa, en un lenguaje simple y poderoso. Ya sé, otra vez la cuestión de la simplicidad... les aseguro que se debe a una mera casualidad. O tal vez no. Tal vez hay un común denominador en la elección de mis últimas lecturas, una brújula literaria, que aunque invisible me guía siempre en la misma dirección. Volvamos al cauce. El viejo es, en este libro, Santiago, un pescador cubano que vive en la mayor pobreza. Sin embargo, al viejo eso no le importa, enfrenta un día a la vez y se dedica, con paciencia y perseverancia, a lo único que ha hecho toda su vida: pescar.
Esta novela me recuerda en muchos puntos a "Moby Dick", pero va más allá de los planteos de aquella. O, al menos, eso es lo que sentí al leerla. Su protagonista se enfrenta al Mar, al gran pez, a los depredadores, a la soledad, al cansancio. Lucha contra las fuerzas de la Naturaleza y de la Vida, lucha contra sí mismo como ser vivo; es pura voluntad. Surge una ineludible falta de sosiego mientras la historia se desenvuelve, y también una gran expectativa. Acompañamos a Santiago en su esfuerzo, en su dolor,en esa búsqueda incansable; queremos estar ahí, con él, cuando consiga su proeza. Deseamos que la voluntad humana gane ante las adversidades... sería algo muy bueno, nos daría esperanzas.
Cuando uno lee un libro y se involucra de esta forma, al punto de casi poder palpar los objetos que se describen, de percibir las impresiones sensitivas que acaso sintiera el personaje, podemos decir con absoluta certeza "es un libro excelente". Y si aún cabe la menor duda, basta con tener en cuenta su resonancia... el eco que deja en nuestros sentidos por los próximos días, meses y, ¿porqué no?, años.

"El Viejo y el Mar" ( "The Old Man and The Sea" 1952)

..."No se sentía realmente bien, porque el dolor que le causaba el sedal en la espalda había rebasado casi el dolor y pasado a un entumecimiento que le parecía sospechoso. Pero he pasado cosas peores, pensó. Mi mano sólo está un poco rozada y el calambre ha desaparecido de la otra. Mis piernas están perfectamente. Y además ahora te llevo ventaja en la cuestión del sustento.

Ahora era de noche, pues en septiembre se hace de noche rápidamente después de la puesta de sol. Se echó contra la madera gastada de la proa y reposó todo lo posible. Habían salido las primeras estrellas. No conocía el nombre de Venus, pero la vio y sabía que pronto estarían todas a la vista y que tendría consigo a todas sus amigas lejanas.

-El pez es también mi amigo- dijo en voz alta- Jamás he visto ni he oído hablar de un pez así. Pero tengo que matarlo. Me alegro de que no tengamos que tratar de matar las estrellas.

Imagínate que cada día tuviera uno que tratar de matar a la luna, pensó. La luna se escapa. Pero ¡imagínate que tuviera uno que tratar diariamente de matar al sol!. Nacimos con suerte, pensó

Luego sintió pena por el gran pez que no tenía nada que comer y su decisión de matarlo no se aflojó por eso un instante. Podría alimentar a mucha gente, pensó. Pero ¿serán dignos de comerlo?. No, desde luego que no. No hay persona digna de comérselo, a juzgar por su comportamiento y su gran dignidad.

No comprendo estas cosas, pensó. Pero es bueno que no tengamos que tratar de matar al sol o a la luna o a las estrellas. Basta con vivir del mar y matar a nuestros verdaderos hermanos."...

Fragmento extraído de "El Viejo y el Mar" ("The Old Man and The Sea"1952), Ernest Hemingway. DeBolsillo (editorial Sudamericana), 2007. Traducción de Lino Novas calvo. Prólogo de Juan Villoro.



jueves, 24 de enero de 2008

Las memorias de Doris Lessing

Acabo de terminar de leer "Memorias de una Superviviente"( "The Memoirs of a Survivor", 1974).
Francamente, no me gustó demasiado. Pero se trata de Doris Lessing, afamada autora ¿británica?, ganadora del Nobel de Literatura 2007; asi que sería muy injusto decir que no me gusta su trabajo sin leer otras de sus novelas. Quizá no ayudó el hecho de que leyera su libro después de leer a Yasunari Kawabata y sus "Mil Grullas"; son estilos completamente distintos, casi diría antagónicos.
Lessing usa oraciones largas, sinuosas, salpicadas de comas; Kawabata nos entrega guijarros redondos y pulidos, despojados e intensos. Lessing va tejiendo como una araña meticulosa el escenario en el cual se mueven sus personajes, creando un mundo acorde a las emociones que quiere transmitirnos. Kawabata hace fotografías, cuadros, captura objetos y personas para que podamos observarlos con detenimiento, aprehenderlos; nos muestra la belleza escondida en gestos y quehaceres cotidianos.

Doris May Tayler, tal es su nombre de soltera, nació en 1919 en Kirmanshah, Persia (actualmente Irán). Su padre era oficial del ejército británico y su madre era, según cuenta la misma autora, una mujer severa. La familia Tayler se trasladó de Persia a Rodhesia ( hoy Zimbabwe), atraídos por la promesa del Gobierno de un futuro próspero como colonos, dedicándose a actividades agrarias. Sin embargo, la tensión existente entre Doris y su madre, hizo que ella dejara sus estudios a la edad de quince años (trece según algunas fuentes). A partir de entonces, su formación fue autodidacta y se dedicó a diversos oficios para subsistir. En el año 1949, deja Africa para instalarse en Londres donde vive actualmente.
Podría explayarme algo más sobre sus datos biográficos, escribir sobre sus dos matrimonios, su militancia en el partido comunista, etc, etc. Pero lo que aquí más importa es su faceta como escritora, así que haré a un lado su interesante historia personal. Para leer más pueden ir a la siguiente página web:
http://www.biografiasyvidas.com/biografia/l/lessing_doris.htm

Su libro más conocido es "El Cuaderno dorado", escrito en 1962 y considerado una obra cumbre dentro de las letras inglesas. Escribió así mismo novelas como "Canta la hierba"(1950), "Instrucciones para un viaje al infierno"(1971),"La buena terrorista"(1985),"Un paseo por la sombra"(1997),"Mara y Dan"(1999), "Las abuelas"(2003) y "La grieta"(2007), entre otros.
Recibió inumerables premios, entre ellos el "Premio Internazionale Mondello" en 1987, el "XI Premio Internacional de Catalunya", en 1999, y el premio "Príncipe de Asturias de las Letras" en el año 2001.




"Memorias de una Superviviente" (Memoirs of a Survivor, 1974)

fragmento

..."Quién más escapaz de llorar así. La mujer de edad, no. Las lágrimas de la anciana pueden ser dolorosas, pueden ser abyectas, tan terribles como podamos imaginar. Sin embargo, son lágrimas en las que la experiencia impide clamar pidiendo justicia, pues han aprendido demasiado y carecen de esa calidad abismal que recuerda un desangramiento. Un niño pequeño puede llorar como si toda la angustia y soledad del universo le pertenecieran exclusivamente, mas no es el dolor del llanto de una mujer lo que importa, no, es lo definitivo de esa aceptación de un mal. Allí estaba, como en aquel momento y como estaría siempre en el futuro, con los ojos cerrados, de los que caían lentamente las lágrimas, el cuerpo que se movía con lentitud, el pesar... el acto de duelo, eso es. Se ha enfrentado a un enemigo, se ha trabado lucha con él, pero se ha perdido una batalla, todo se ha derrumbado, todo se ha agotado, no queda nada, no cabe esperar nada... sí, a pesar mío, todo lo que escribo en este instante bordea la farsa, se oye con frecuencia una carcajada que es tan intolerable como las lágrimas. Seguí sentada mientras contemplaba a Emily, la mujer eterna, en su tarea de llorar. Hubiera querido poder alejarme, sabía que no tenía importancia alguna para ella que yo estuviese allí o no. Hubiera querido darle algo, reconfortarla, ofrecerle unos brazos abiertos, o...¿una buena taza de té?( a su debido tiempo se la ofrecería). No, debía escuchar. Escuchar ese pesar, esa expresión de lo intolerable. "Qué cosa en el mundo- se habría preguntado quien la observara en aquel momento, marido, amante, madre, amigo, aun alguien que en un momento determinado hubiese llorado esas mismas lágrimas, pero en particular, desde luego, un marido o un amante-¿qué puedes haber esperado de mí, de la vida, por Dios, que ahora lloras así?¿No ves que es imposible, que eres imposible, que nadie podría haber recibido promesas suficientes como para justificar, siquiera, tales lágrimas... no lo ves?". Pero es inútil. Los ojos ciegos miran a través de uno, están viendo un enemigo ancestral que no es, gracias a Dios, uno mismo. No, es la vida, el azar, o el destino, una fuerza de este tipo, que ha golpeado a la mujer en lo más profundo del corazón, y allí permanecerá sentada siempre, balanceándose en su dolor arcaico y terrible, y los sollozos que desgarran su ser son uno de los pilares sobre los que debe descansar todo. Nada menos podría justificarlos."...

Extraído de "Memorias de una Superviviente", Doris Lessing- DeBolsillo, 2007. (Editorial Sudamericana)Traducción de Mireia Bofill.

jueves, 17 de enero de 2008

Mil Grullas

"Mil grullas"( Sembazuru, en japonés), es una de las novelas de Yasunari Kawabata, y es también el primer libro que leí este año, afortunadamente. He mencionado con anterioridad a Kawabata, y probablemente lo siga haciendo, dado que estoy fascinada con su obra. Desde que leí "País de Nieve", un libro de una belleza incomparable, estoy decidida a leer todo lo que haya escrito.
El título del libro, hace referencia a una creencia del folklore japonés: quién realice mil grullas de origami (arte japonés de doblar papel) tendrá una vida longeva y felíz, sin embargo, ésta no es más que una imágen fugaz, aunque fuertemente símbolica, en el argumento, una especie de augurio. La trama, en realidad, gira en torno a un ritual profundamente arraigado en la tradición de Japón: la ceremonia del té (cha no yu). Es por ello, que los personajes comparten el protagonismo dentro de la historia con ciertos objetos de cerámica, realizados y utilizados especialmente para dicha ceremonia. No son utensilios sin importancia, sino piezas de arte, silenciosos testigos, que en la novela revelarán, con su sola presencia, las emociones e intenciones que esconden sus propietarios. Así, cuando en un pasaje se habla del efecto blanco-translúcido de una mizusashi (jarra para el agua) de cerámica shino, en el cual parece aflorar ciero color rojizo, se puede adivinar la pasión oculta. Pasión, rencor, nostalgia, son emociones recurrentes en esta historia, donde los personajes parecen moverse siguiendo el curso de un destino del cual no están conscientes pero del que tampoco quieren huir.
Kikuji Mitani, un hombre joven condicionado en su vida por el recuerdo de su padre muerto; Chikako, maestra en la ceremonia del té y amiga de la familia Mitani; la Sra. Ota, antigua amante del padre y rival de Chikako; y finalmente, Fumiko, la hija de la Sra. Ota, son los personajes principales de la novela. Ellos son quienes revivirán viejas pasiones y odios, rehuirán o buscarán los fantasmas de la melancolía, perdonarán o serán perdonados, e intentarán alcanzar siquiera una de esas mil grullas.



Mil Grullas (Sembazuru, 1949)

Fragmento

..."El borde era levemente marrón. En un lugar el marrón era más oscuro. ¿Era allí dónde uno bebía?.
El borde podía haberse manchado por el té y podía haberse manchado con los labios.
Kikuji miró el tenue marrón y sintió que allí había un toque de rojo.
¿Dónde se había estampado el lápiz de labios de la madre?
Había también un color rojo y negro en la rajadura. El color desteñido del lápiz de labios, el color rojo de una rosa marchita, el color de sangre vieja y seca. Kikuji comenzó a sentirse intranquilo.
Una sensación de náusea y de suciedad y una abrumadora fascinación surgieron simultáneamente."...


Extraído de : "Mil grullas", Yasunari Kawabata- Editorial Emecé- Lingua Franca. Traducido del inglés por María Martoccia y prologado por Amalia Sato.



martes, 15 de enero de 2008

Esa cosa extraña llamada Vida

Hace un par de días vi una película titulada "Stranger than fiction" (Más extraño que la ficción), una comedia dramática protagonizada por Emma Thompson y Will Ferrell, entre otros. Me la habían recomendado en más de una ocasión pero no había tenido tiempo para verla, hasta entonces.
Es una película prolija, con la manufactura de esa bien aceitada maquinaria llamada Hollywood, pero, a diferencia de tantas películas de su género, ésta tiene un buen guión. Esa es la clave: el guión. La historia está bien contada y logra una película interesante donde otras han fracasado; porque, seguramente, en ésta ocasión, el mayor costo de realización tuvo que ver con los salarios de sus protagonistas y no, con grandes despliegues de efectos especiales ni escenarios exóticos de filmación. Mis felicitaciones al Sr. Zach Helm por su guión, al Sr. Marc Forster por saber interpretarlo, y a la persona que realizó el casting, porque cada caracterización fue creíble y placentera.
¿A qué viene este comentario en un blog sobre literatura? a que ciertos aspectos de la trama me recordaron el libro de José Saramago "Todos los Nombres".
En la película, el protagonista es un empleado de la temida IRS, o sea un inspector de Hacienda, que trabaja para que cada contribuyente cumpla con sus impuestos, engrosando las arcas del Estado. Harold Crick, ése es su nombre, es un hombre de perfil bajo, con una existencia que de tan simple puede parecer vacía, y tal vez lo sea. Su vida no es más que la reiteración diaria de una serie de rituales y obligaciones laborales, que cumple siempre con precisión a la misma hora, minutos y segundos.
Obviamente, Harold Crick no puede seguir viviendo así por mucho tiempo o no habría historia qué contar.
Ese es el caso también de Don José, en la novela de Saramago. Don José es empleado de la Conservaduría General del Registro Civil, o sea otro funcionario público, y no tiene otros intereses más que los que su trabajo le plantea. Carece al igual que Harold de personas relevantes en su vida que puedan interferir con la monotonía de sus días.
Ambos personajes se mueven guiados por la inercia de lo cotidiano, inmersos en una sucesión de momentos que poco difieren entre sí. Hasta que algo sucede.
Siempre es así en estas historias, sin embargo, en el caso particular de "Todos los Nombres" y "Stranger than Fiction", no son realmente hechos externos los que derivarán en la ruptura de esa existencia líneal; sino el desasosiego que internamente ambos personajes sienten. La necesidad de trascendencia que pugna por salir; esa fuerza primaria que busca que seamos quienes somos y también quienes podríamos ser, incentivándonos con ese estado idílico de plenitud llamado felicidad.
Harold Crick y Don José quieren recordarse a sí mismos que están vivos, y, de ser posible, ser felices. Entonces la trama se dispara. Y los pequeños actos cotidianos, y los objetos que parecían nimios, adquieren importancia, se resignifican. Lo que antes era "normal" empieza a moverse dentro de lo "extraño", y sólo hizo falta para ello un cambio de perspectiva.
Finalmente, cómo no podía ser de otra manera, la búsqueda de la felicidad, la lucha personal por darle un sentido a sus existencias, girará en torno a la Muerte y al Amor. ¿Hay, acaso, otros caminos para entender de qué se trata vivir?.


No voy a desarrollar más estas ideas para no revelar los argumentos. Les recomiendo que lean el libro: "Todos los nombres", José Saramago, Editorial Alfaguara. Y vean la película también, si quieren.

lunes, 17 de diciembre de 2007

El llamado de Jack

Jack era un aventurero, un hombre enérgico, tenaz y ambicioso. El llamado de la vida fluía intensamente en él, convirtiéndolo en uno de sus hijos pródigos.
¿Quién era Jack?.
Jack era y es John Griffith London, conocido por amigos y lectores como Jack London. Nació en San Francisco en 1876 y su historia no tiene nada que envidiarle a las novelas de aventura que escribía.
Su infancia transcurrió bajo los cuidados de su madre, una mujer de origen adinerado llamada Flora Wellman y de una esclava, Virginia, que fue como una segunda madre para él. Es muy probable que esta fuerte presencia femenina, sea una de las razones por la cuales Jack London fue un defensor de los derechos de la mujer y su rol en la sociedad, apoyando el sufragio femenino. Siendo apenas un adolescente se dedicó a oficios diversos tales como pescador, marino y minero en Alaska. Es justamente de todas estas experiencias, de su trato directo con hombres que luchaban con y contra la naturaleza, que se nutrió para escribir novelas como "El llamado de la Selva" (The Call of the Wild), "El lobo de Mar", "Colmillo Blanco", etc.
Fue un autor constante y productivo, escribió más de 50 libros entre novelas, cuentos y ensayos. También mantenía una copiosa producción epistolar.
Su mayor pasión, sin embargo, no fueron su escritura ni los muchos viajes que emprendiera, sino el rancho que construyó para vivir y envejecer en él. Jack London enriqueció este rancho a lo largo de los años, dedicándole esfuerzo y dinero, proyectando en él sus mayores ambiciones, concretando en su suelo esa búsqueda incesante de lo primigenio. Fue la pérdida de ese lugar tan ansiado por él, a raíz de un incendio, que Jack se desmoralizó y endeudó. A partir de ese momento, su vida corre cuesta abajo a la par que su salud, encontrando la muerte en el año 1916.
Jack London, un escritor exitoso y, contradictoriamente, de ideas socialistas, sentó precedentes. Fue el primer escritor en comercializar su nombre como marca. Así como también, el primero en trabajar con los estudios cinematográficos, transformando varios de sus libros en películas. Tuvo, sin lugar a dudas, una fuerte presencia mediática y fue ampliamente admirado como escritor y como hombre.


Así escribía...


"Antes de Adán" ("Before Adam" 1904)


Capítulo III

El más común de los sueños de mi infancia era algo semejante a esto: me parecía que era yo muy pequeño y que yacía acurrucado en una especie de nido de ramillas y hojas. A veces estaba tendido sobre la espalda. Yacía largas horas en esta postura, contemplando el juego de la luz sobre mi cabeza y la agitación de las hojas al soplo del viento. Muchas veces, cuando el viento era fuerte, el nido se balanceaba.
Pero mientras yacía en el nido, siempre me dominaba la sensación de estar sobre un tremendo vacío. Nunca lo vi, ni nunca me asomé al borde del nido para verlo; pero temía a aquel espacio que asechaba debajo de mí, amenazándome siempre como si fuera el buche de algún monstruo devorador.
Soñé muy a menudo en mi infancia este sueño en que permanecía quieto, que era más bien una condición que una experiencia activa. Más, de repente, entrarían en avalancha, en medio de este sueño, formas extrañas y feroces acontecimientos, el trueno y el estallido de la tormenta, o bien panoramas no acostumbrados, que en nada se parecían a los que había visto despierto. El resultado de todo ello era la confusión y la pesadilla incomprensible, sin enlace ni lógica."...




Fuentes: "Antes de Adán"- Jack London- Biblioteca Actual- Ediciones Nuevo Pais-- 1987
www.lector.net

jueves, 29 de noviembre de 2007

El retrato de Oscar Wilde

"-Hijo mío, los que no aman más que una vez en su vida son los verdaderos frívolos. Lo que ellos llaman su lealtad y fidelidad, lo llamo yo sopor de la costumbre o falta de imaginación. La fidelidad es a la vida sentimental lo que la estabilidad es a la vida intelectual: una declaración de impotencia, simplemente.¡La felicidad!. Algún día la analizaré. La pasión de la propiedad se halla en ella. Hay muchas cosas que abandonaríamos si no tuviésemos miedo de que otros pudiesen recogerlas. Pero no quiero interrumpirle a usted. Continúe su relato"
(El Retrato de Dorian Grey)


Éste, es uno de los tantos momentos en los que Lord Henry, uno de los protagonistas de la novela, alecciona a Dorian Grey sobre, la que él considera, la verdadera naturaleza del hombre. Sinceramente, yo no me aventuraría a aseverar que sea realmente Lord Henry un cínico, pero lo cierto es que es través de este personaje que Oscar Wilde habla de la hipocreía, los vicios y todas sus ramificaciones.

El verdadero cínico es, a mi entender, el propio Oscar Wilde, y es al mismo tiempo el soñador, Basilio, el pintor que ha sido defraudado en su idealismo, abandonado al desamparo del hombre. Porque Oscar Wilde, no es sólo el autor de El Retrato de Dorian Grey, sino también el de El Príncipe Felíz. Un cínico no deja de ser un soñador vencido, alguien que ha sido herido por el mundo y por sí mismo.



"Un libro nunca es moral o inmoral.Está bien o mal escrito. Esto es todo"- O.W.